Hablar de aprender y enseñar, es un tema discutido durante miles de años, y que aún hoy, sus posibles respuestas, son las que definen los estilos de los sistemas educativos y pedagógicos.
Para hablar de aprender debemos partir de la concepción que tenemos del aprendiz, ya que si lo consideramos sólo un receptor del conocimiento que posee aquel que lo educa, para luego convertirse solo en un repetidor de lo aprendido de “otro”, sería sumamente sencillo definir el aprendizaje y la enseñanza. El aprender, para mí, va mucho más allá que sólo recibir información.
Los dos conceptos de aprender y enseñar, obviamente están estrechamente relacionados, pero podríamos profundizar en la concepción de enseñar, y a partir de esta llegar al concepto de aprender. El enseñar depende de las capacidades de quien enseña, de su manera de manipular los estímulos presentes en el proceso, y de su destreza para poner a pensar a sus alumnos, sin suministrarles todas las ideas ya pensadas. A su vez, el aprendizaje en sí, surge de la capacidad del aprendiz para sintetizar toda esta información, y dar una respuesta asertiva ante cuestiones generales o específicas, generando por sí mismo lo que llamamos “conocimiento”.
En este sentido, la tarea del educador no consiste sólo en trasmitir una información recibida anteriormente, sino colaborar con el estudiante en que sepa “parir” el conocimiento (construirlo, crearlo), valiéndose de la “curiosidad natural” propia de todo ser humano, la cual los lleva no sólo a husmear sobre lo que no conocen, sobre lo que les atrae, sino además a asimilar concepciones ni pensadas, y a saber ponerlas en práctica en la vida real.
Por lo tanto, es tarea del educador que su estudiante aprenda a aprender, que la enseñanza no quede solo en repetir lo que otros han descubierto, sino que cada uno sea capaz de construir sus propias ideas, sus propias respuestas, hacerlos dueños de su propio pensamiento. Así, se irán creando siempre nuevos conocimientos, y seguirán existiendo los conceptos de enseñar y aprender…
